Lejos de ser solo un hobby o una tecnología en desuso, “la radioafición es un servicio comunicacional que puede garantizarse aún en medio de catástrofes y guerras”, sostuvo en diálogo con Télam desde el continente blanco Juan Benavente, coordinador de LRA 36 “Arcángel San Gabriel”.

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La audiencia de LRA 36 “Arcángel San Gabriel”, la única radio de la Antártida que transmite desde la base argentina Esperanza, está conformada en gran parte por radioaficionados de distintos localidades del país y del mundo, como Alaska y Japón, que “buscan el deslumbre de contactarse con estaciones lejanas, difíciles y exóticas”, lo que consideran “un premio a la comunicación”, ya que “implica un enlace de radio de hasta 18.000 kilómetros”, dijo desde el continente blanco Juan Benavente, coordinador de la radiodifusora antártica.

Lejos de ser solo un hobby o una tecnología en desuso, “la radioafición es un servicio comunicacional que se potenció y diversificó con las nuevas tecnologías y puede garantizarse aún en medio de catástrofes y guerras, por la gran autonomía de sus equipamientos”, contó a Télam Benavente, quien es técnico en electrónica, radioaficionado y radio operador, integrante del Comando Conjunto Antártico (Cocoantar).

Tres generaciones de la familia Benavente prestaron servicio en la Antártida: su padre, él y su hijo mayor.

“No es fácil estar acá un año con las inclemencias de las condiciones extremas de la Antártida y los desafíos de la convivencia, el estar lejos de la familia, pero la Antártida me puede, es una adrenalina muy especial”, contó el experto personal civil de la Fuerza Aérea, licenciado en Comunicación social y docente de la Universidad Nacional de Quilmes, que pasó el año en Base Esperanza y transita el final de su segunda campaña anual en la Antártida.

LRA36, que depende de Radio Nacional y trabaja con Radiodifusión Argentina al Exterior (RAE), a cargo de Adrián Korol, “no es una estación de radioaficionados, sino de radiodifusión, pero al emitir en onda corta mucha audiencia es radioaficionada”, aclaró.

Este año, por primera vez gestionaron una licencia de radioafición para transmitir, por fuera de los horarios de programación de la LRA 36, en bandas de radioaficionados y contactarse con ellos a través de L36Z.

El experto explicó que “desde los comienzos de la radio, lo que siempre buscan los radioaficionados es la emoción de contactarse con estaciones lejanas, difíciles y exóticas”, como la Antártida, que no tiene una población autóctona, dado que en las bases permanentes argentinas, el personal se recambia todos los años.

“Para todos los radioaficionados argentinos y del mundo comunicarse con una base antártica es como un premio a la comunicación, porque implica un enlace de radio de hasta 18 mil kilómetro, todo un logro”, detalló.

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Para ser radioaficionado, Argentina otorga una licencia emitida por el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), cuyo requisito es realizar y aprobar un curso en los radio clubes o instituciones autorizadas del país, que consta de formación técnica, reglamentación, telegrafía y prácticas operativas, detalla el ente en su sitio oficial.

En el último listado de radioaficionados con licencia vigente del Enacom hay inscriptas 23.756 personas de distintas localidades del país.

“Activos hay unos 16.000 radioaficionados”, aclaró Benavente y completó que la radioafición, también está regulada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU, por su siglas en inglés).

El reglamento detalla que en las comunicaciones las y los radioaficionados no pueden discutir sobre política, religión, ni realizar comentarios discriminatorios.

“Lo que hacemos desde Antártida es hablar con los radioaficionados sobre qué temperatura hay, cómo es la base. Cuando no hay muchos radioaficionados en frecuencia conversamos más, pero a veces hay cien personas que están esperando comunicarse, entonces no podemos ponernos a hablar de los pingüinos porque los otros también quieren hacer un contacto mínimo con nosotros”, explicó.

La razón fundamental de practicar la radioafición -al igual que la radiodifusión- en la Antártida “es la de difundir y promover la presencia argentina en el sexto continente”, resaltó Benavente.

Desde la base Esperanza realizan llamadas generales en distintas frecuencias y les responden tanto radioaficionados argentinos como extranjeros. Ya se comunicaron con radioaficionados de todas las provincias argentinas, países del continente americano, y, entre los puntos más extremos con los que mantuvieron contacto, estuvieron personas de Alaska, Escandinavia, norte de Rusia, Japón, Oceanía, y Filipinas.

Este año, “por primera vez en la historia una base antártica apadrinó a una niña radioaficionada de 10 años de Alta Gracia, Córdoba”, quien realizó su primer comunicado con la base antártica, luego de haber obtenido su licencia, y ella misma les dijo “son mis padrinos”, reconstruyó el coordinador radial.

Además, remarcó la importancia de la radioafición en contexto extremos, como el del temporal del 16 de diciembre en Bahía Blanca, donde fallecieron 13 personas. “Allí hubo una repetidora que estuvo funcionando 55 horas seguidas durante la tormenta, que, junto a radioaficionados, tuvieron a cargo las comunicaciones principales para la ayuda humanitaria”, destacó Benavente.

Y añadió: “Cuando hay una catástrofe lo primero que se cae es la comunicación con el celular. En cambio, el radioaficionado está preparado en ese contexto para agarrar su equipo de radio, que es del tamaño de una enciclopedia y tiene mucha autonomía”.

En ese sentido, recordó el rol que, durante la guerra de Malvinas, cumplieron 19 radioaficionados civiles que voluntariamente fueron a las islas con sus equipos y estuvieron un mes y medio; y el “servicio esencial” que prestaron radioaficionados en 2003, en las inundaciones en Santa Fe.

Los radioaficionados se comunican mediante voz y también con modos digitales. A su vez, utilizan satélites específicos de la actividad diseñados por radioaficionados ingenieros argentinos que “pusieron en órbita “, explicó.

Entre los logros de este año, el experto contó que, por primera vez, pudieron recibir desde la Antártida imágenes de la Estación Espacial Internacional, que en octubre emitió en bandas de radioaficionados en modo SSTV, que es televisión en barrido lento.

El hito lo realizó Benavente con un sistema de campaña, un handy y una aplicación del celular para decodificar la imagen.

Asimismo, entre los códigos que utilizan los radioaficionados está el “QSL”, que significa que se pudo concretar la comunicación con otra estación.

Para certificar el contacto históricamente se emitía una tarjeta QSL por correo postal detallando a la persona con la que se tomó contacto: la hora, frecuencia, fecha, nivel de señal, y la otra persona enviaba lo mismo con retrasos de meses. No obstante, ahora las tarjetas QSL se intercambian por correo electrónico y LRA 36 las recibe “por centenares y a veces miles”, destacó Benavente.

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Los intercambios entre radioaficionados se pueden escuchar con una radio de onda corta, como las Noblex 7 mares, que además de tener la AM y la FM tiene SW (Short Wave, en inglés), concluyó.